La Web ya no es cosa de dos
La Web 2.0 es sinónimo de usuario (sin su participación no tendría sentido); es, también, una superación de las limitaciones de la Web 1.0, sobre la que se construyó una red basada en páginas de inicio, servidores invasivos (publicidad por correo electrónico) y barreras a los contenidos como el registro. Todo esto empieza a formar parte de la historia, mejor dicho, de la prehistoria de Internet.
Se ha podido superar a la vieja web mediante un software de contenido abierto con el que el usuario ha ganado en control, flexibilidad y posibilidades creativas. De esta manera, los editores de la Web 2.0 crean plataformas para que los cibernautas las llenen de contenido. O como lo ve Briggs: “sitios tales como YouTube crearon sofisticadas bodegas de contenido, sin crear contenido en absoluto”.
Ahora bien, ¿cómo organizar todo ese volumen de información que crece sin parar? La solución de los revolucionarios de la Web 2.0 ha sido el empleo de etiquetas. Cada etiqueta es elegida arbitrariamente por el usuario, sin esquemas previos y dando origen a una clasificación en constante cambio (folksomanía). Luego, estas etiquetas pueden rastrearse con motores de búsqueda como Technorati o Ice
Rocket. Asimismo, las etiquetas de cada sitio se presentan en una nube (nube de etiquetas), en la que cada una puede adoptar distintos tamaños de fuente, en función de la popularidad de la etiqueta.

Este nuevo escenario plantea también nuevas reflexiones sobre la sabiduría de la multitud o la inteligencia colectiva. En estos momentos, cuando estamos pasando de una economía de oferta a una de demanda de información, también parece oportuno cuestionarse si es es más inteligente el nosotros o el yo, si es mejor un libro escrito por una sola persona o por varias.
En cuanto al periodismo, la Web 2.0 también ha supuesto una ruptura de esquemas. Ahora, una noticia no está terminada cuando se publica. Su ciclo vital ha aumentado porque ahora el periodista puede recibir la respuesta del lector y del conjunto de las redes sociales que se articulan a través de la Web. Al clásico artículo le faltaba algo, necesitaba engordar con el feedback, con la respuesta del usuario. Así, el modelo de comunicación emisor-canal-receptor unidireccional ya es historia gracias a un nuevo canal donde emisor y receptor se encuentran en igualdad de condiciones (por no decir que son lo mismo). Y lo que es más importante, los dos han llegado a un lugar donde pueden cooperar para construir el mensaje definitivo.
Se ha podido superar a la vieja web mediante un software de contenido abierto con el que el usuario ha ganado en control, flexibilidad y posibilidades creativas. De esta manera, los editores de la Web 2.0 crean plataformas para que los cibernautas las llenen de contenido. O como lo ve Briggs: “sitios tales como YouTube crearon sofisticadas bodegas de contenido, sin crear contenido en absoluto”.
Ahora bien, ¿cómo organizar todo ese volumen de información que crece sin parar? La solución de los revolucionarios de la Web 2.0 ha sido el empleo de etiquetas. Cada etiqueta es elegida arbitrariamente por el usuario, sin esquemas previos y dando origen a una clasificación en constante cambio (folksomanía). Luego, estas etiquetas pueden rastrearse con motores de búsqueda como Technorati o Ice
Rocket. Asimismo, las etiquetas de cada sitio se presentan en una nube (nube de etiquetas), en la que cada una puede adoptar distintos tamaños de fuente, en función de la popularidad de la etiqueta.

Este nuevo escenario plantea también nuevas reflexiones sobre la sabiduría de la multitud o la inteligencia colectiva. En estos momentos, cuando estamos pasando de una economía de oferta a una de demanda de información, también parece oportuno cuestionarse si es es más inteligente el nosotros o el yo, si es mejor un libro escrito por una sola persona o por varias.
En cuanto al periodismo, la Web 2.0 también ha supuesto una ruptura de esquemas. Ahora, una noticia no está terminada cuando se publica. Su ciclo vital ha aumentado porque ahora el periodista puede recibir la respuesta del lector y del conjunto de las redes sociales que se articulan a través de la Web. Al clásico artículo le faltaba algo, necesitaba engordar con el feedback, con la respuesta del usuario. Así, el modelo de comunicación emisor-canal-receptor unidireccional ya es historia gracias a un nuevo canal donde emisor y receptor se encuentran en igualdad de condiciones (por no decir que son lo mismo). Y lo que es más importante, los dos han llegado a un lugar donde pueden cooperar para construir el mensaje definitivo.
Briggs recomienda:
a) Cargar fotos y poner etiquetas en FLICKR












¡Compartir es la clave! Es el momento de enseñarle al mundo aquella foto tan buena que hiciste...
b) Encontrar sitios de interés y etiquetarlos en DEL.ICIO.US








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